Cuando hablamos de física cuántica solemos pensar en científicos, laboratorios y teorías difíciles de comprender. Sin embargo, desde hace unos años, alrededor de esta disciplina está ocurriendo algo nuevo: la llegada de empresas, inversores y gobiernos dispuestos a apostar miles de millones de euros por una tecnología que podría redefinir sectores enteros del tejido productivo. No es la primera vez que sucede; a finales del siglo XX, Internet pasó de ser una herramienta utilizada por investigadores a convertirse en la infraestructura que sostiene gran parte de nuestra vida cotidiana. Hoy, muchos observadores se preguntan si la computación cuántica podría recorrer un camino parecido, aunque toda revolución tecnológica posee sus propios límites y dinámicas.
De la investigación al mercado
Durante décadas, la física cuántica fue principalmente un asunto académico en el que universidades y centros de investigación trabajaban para comprender fenómenos como la superposición, el entrelazamiento o el comportamiento de los electrones. Hoy la situación es diferente, ya que las grandes compañías tecnológicas han abierto divisiones específicas dedicadas a estas tecnologías, mientras los gobiernos financian programas nacionales y un número creciente de startups intenta convertir los avances científicos en productos y servicios. La cuántica sigue siendo ciencia, pero también empieza a ser industria, y donde aparece un nuevo sector surgen de inmediato inversiones, talento, competencia y oportunidades de negocio.
El auge de las startups cuánticas
Una de las señales más claras de esta transformación es la aparición de un ecosistema de empresas especializadas. Algunas trabajan en el desarrollo de hardware cuántico, intentando construir ordenadores cada vez más potentes y estables, como es el caso de compañías como IonQ o Quantinuum, dos de las firmas más relevantes del sector. Otras desarrollan software, algoritmos o herramientas para que empresas e investigadores puedan aprovechar estas nuevas capacidades. Muchas de estas organizaciones han surgido a partir de investigaciones universitarias, un fenómeno en el que lo que comienza como una publicación científica termina convirtiéndose en una compañía capaz de atraer financiación internacional.
Este escenario recuerda a los primeros años de Internet o de la inteligencia artificial: una mezcla de ciencia, emprendimiento y exploración tecnológica en la que todavía nadie sabe con certeza quiénes serán los grandes ganadores. Mientras tanto, gigantes tecnológicos como IBM o Google también participan en la carrera. IBM ofrece acceso a sus procesadores cuánticos a través de la nube, mientras que Google acaparó titulares en 2019 al anunciar que había alcanzado la «supremacía cuántica», resolviendo un problema específico más rápido que un superordenador convencional.
Europa quiere estar en la primera línea de la revolución cuántica
Aunque la carrera cuántica suele asociarse a Estados Unidos o China, Europa lleva años construyendo su propia estrategia para no quedarse atrás. Una de las iniciativas más ambiciosas es el Quantum Flagship, un programa impulsado por la Unión Europea que reúne a universidades, centros de investigación, empresas y administraciones públicas con el objetivo de acelerar el desarrollo de estas tecnologías. Lanzado en 2018, este plan moviliza miles de millones de euros en financiación pública y privada para convertir el liderazgo científico europeo en innovación, industria y empleo, bajo la convicción de que las tecnologías cuánticas constituirán una infraestructura clave para el siglo XXI.
Los lugares donde se está construyendo el futuro
La revolución cuántica no sucede en un único laboratorio, sino que se desarrolla en una red internacional de centros de investigación, empresas emergentes y grandes corporaciones. En Europa han surgido algunos de los principales hubs de innovación cuántica del mundo; ciudades como Delft, Múnich, París o Copenhague concentran universidades e instituciones científicas especializadas en computación, comunicaciones y sensores.
España también participa activamente en este ecosistema a través de entidades de vanguardia. Uno de los ejemplos más destacados es el Barcelona Supercomputing Center (BSC), que trabaja en la integración de tecnologías cuánticas con la supercomputación avanzada para explorar cómo los futuros procesadores cuánticos colaborarán con los superordenadores tradicionales. A pocos kilómetros de allí, el Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO) se ha convertido en un referente europeo en ámbitos como las comunicaciones seguras y la fotónica cuántica.