08.07.2026

La carrera por la economía cuántica

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La transición de la física cuántica desde los laboratorios académicos hacia el tejido industrial moviliza inversiones multimillonarias de gobiernos y corporaciones globales, y configura un ecosistema estratégico de startups y gigantes tecnológicos. Sectores como la química, la automoción, las finanzas y la industria farmacéutica perfilan las primeras aplicaciones prácticas de una tecnología que, pese a sus severas restricciones físicas y técnicas actuales, promete redefinir la seguridad digital, el diseño de nuevos materiales y la supercomputación internacional.

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Cuando hablamos de física cuántica solemos pensar en científicos, laboratorios y teorías difíciles de comprender. Sin embargo, desde hace unos años, alrededor de esta disciplina está ocurriendo algo nuevo: la llegada de empresas, inversores y gobiernos dispuestos a apostar miles de millones de euros por una tecnología que podría redefinir sectores enteros del tejido productivo. No es la primera vez que sucede; a finales del siglo XX, Internet pasó de ser una herramienta utilizada por investigadores a convertirse en la infraestructura que sostiene gran parte de nuestra vida cotidiana. Hoy, muchos observadores se preguntan si la computación cuántica podría recorrer un camino parecido, aunque toda revolución tecnológica posee sus propios límites y dinámicas.

De la investigación al mercado

Durante décadas, la física cuántica fue principalmente un asunto académico en el que universidades y centros de investigación trabajaban para comprender fenómenos como la superposición, el entrelazamiento o el comportamiento de los electrones. Hoy la situación es diferente, ya que las grandes compañías tecnológicas han abierto divisiones específicas dedicadas a estas tecnologías, mientras los gobiernos financian programas nacionales y un número creciente de startups intenta convertir los avances científicos en productos y servicios. La cuántica sigue siendo ciencia, pero también empieza a ser industria, y donde aparece un nuevo sector surgen de inmediato inversiones, talento, competencia y oportunidades de negocio.

El auge de las startups cuánticas

Una de las señales más claras de esta transformación es la aparición de un ecosistema de empresas especializadas. Algunas trabajan en el desarrollo de hardware cuántico, intentando construir ordenadores cada vez más potentes y estables, como es el caso de compañías como IonQ o Quantinuum, dos de las firmas más relevantes del sector. Otras desarrollan software, algoritmos o herramientas para que empresas e investigadores puedan aprovechar estas nuevas capacidades. Muchas de estas organizaciones han surgido a partir de investigaciones universitarias, un fenómeno en el que lo que comienza como una publicación científica termina convirtiéndose en una compañía capaz de atraer financiación internacional.

Este escenario recuerda a los primeros años de Internet o de la inteligencia artificial: una mezcla de ciencia, emprendimiento y exploración tecnológica en la que todavía nadie sabe con certeza quiénes serán los grandes ganadores. Mientras tanto, gigantes tecnológicos como IBM o Google también participan en la carrera. IBM ofrece acceso a sus procesadores cuánticos a través de la nube, mientras que Google acaparó titulares en 2019 al anunciar que había alcanzado la «supremacía cuántica», resolviendo un problema específico más rápido que un superordenador convencional.

Europa quiere estar en la primera línea de la revolución cuántica

Aunque la carrera cuántica suele asociarse a Estados Unidos o China, Europa lleva años construyendo su propia estrategia para no quedarse atrás. Una de las iniciativas más ambiciosas es el Quantum Flagship, un programa impulsado por la Unión Europea que reúne a universidades, centros de investigación, empresas y administraciones públicas con el objetivo de acelerar el desarrollo de estas tecnologías. Lanzado en 2018, este plan moviliza miles de millones de euros en financiación pública y privada para convertir el liderazgo científico europeo en innovación, industria y empleo, bajo la convicción de que las tecnologías cuánticas constituirán una infraestructura clave para el siglo XXI.

Los lugares donde se está construyendo el futuro

La revolución cuántica no sucede en un único laboratorio, sino que se desarrolla en una red internacional de centros de investigación, empresas emergentes y grandes corporaciones. En Europa han surgido algunos de los principales hubs de innovación cuántica del mundo; ciudades como Delft, Múnich, París o Copenhague concentran universidades e instituciones científicas especializadas en computación, comunicaciones y sensores.

España también participa activamente en este ecosistema a través de entidades de vanguardia. Uno de los ejemplos más destacados es el Barcelona Supercomputing Center (BSC), que trabaja en la integración de tecnologías cuánticas con la supercomputación avanzada para explorar cómo los futuros procesadores cuánticos colaborarán con los superordenadores tradicionales. A pocos kilómetros de allí, el Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO) se ha convertido en un referente europeo en ámbitos como las comunicaciones seguras y la fotónica cuántica.

Juan Ignacio Cirac y la visión de una nueva computación

Si existe un nombre español asociado internacionalmente a este avance, ese es el de Juan Ignacio Cirac. Considerado uno de los grandes pioneros de la computación cuántica, Cirac ha desarrollado algunos de los modelos teóricos que hoy sirven de base para la construcción de ordenadores cuánticos reales. Su trabajo en el Instituto Max Planck de Óptica Cuántica, en Alemania, ha contribuido decisivamente a transformar una idea teórica en una tecnología en desarrollo, simbolizando la conexión necesaria entre la ciencia fundamental y las industrias clave que transformarán la economía.

¿Qué sectores podrían transformarse primero?

La pregunta más importante no es cuántos ordenadores cuánticos existirán dentro de diez años, sino qué problemas concretos podrán resolver. Uno de los ámbitos más prometedores es el diseño de nuevos materiales, donde empresas como BASF ya colaboran con firmas cuánticas para explorar simulaciones avanzadas aplicadas a la industria química y energética. Asimismo, la industria farmacéutica observa este avance con interés, ya que comprender mejor el comportamiento de moléculas complejas podría acelerar el diseño de medicamentos y reducir años de ensayos clínicos.

La logística y el sector financiero son otros candidatos evidentes. Empresas como Volkswagen han realizado proyectos piloto para optimizar rutas y flujos de tráfico mediante algoritmos cuánticos, un enfoque aplicable también a las cadenas globales de suministro. Por su parte, entidades como JPMorgan Chase, Goldman Sachs o BBVA investigan cómo aprovechar la computación cuántica para mejorar la gestión de riesgos y la optimización de carteras. Finalmente, las comunicaciones y la seguridad digital constituyen un campo crítico, con la promesa de sistemas de protección de datos que transformarán la seguridad de las infraestructuras estratégicas.

Entre la promesa y la realidad

Como ocurre con cualquier tecnología emergente, es imprescindible distinguir entre las posibilidades futuras y las capacidades actuales. La computación cuántica todavía se enfrenta a severos límites físicos y desafíos técnicos complejos, como la decoherencia cuántica, la necesidad de operar a temperaturas cercanas al cero absoluto y la urgencia de desarrollar sistemas eficientes de corrección de errores. Estas barreras obligan a la industria a mantener la cautela para evitar las falsas expectativas de un prematuro «invierno cuántico». No obstante, estas dificultades no han frenado una actividad científica y financiera sin precedentes, motivada por el enorme impacto que tendría de consolidar apenas una fracción de sus promesas.

Una economía que ya está naciendo

Aunque tendemos a proyectar la revolución cuántica hacia el futuro, esta economía ya está empezando a tomar forma en el presente. Se manifiesta en las inversiones de gobiernos y corporaciones, en las startups que emergen de los laboratorios universitarios y en los sectores industriales que buscan herramientas inéditas para problemas complejos. Todavía es temprano para determinar qué empresas liderarán el mercado o qué aplicaciones comerciales serán las definitivas, pero resulta evidente que la cuántica ha dejado de ser únicamente una cuestión científica para convertirse en una realidad económica estratégica.