Exposición Joaquín Torres-García: un moderno en la Arcadia
20.07.2016

Aladdin Toys: los juguetes de Torres-García

Facebook twitter
Facebook twitter

Torres-García  fue un artista obsesionado por la infancia como concepto filosófico. Su pensamiento (y su obra) giraba en torno a la idea de poder volver a una infancia de la humanidad y a una infancia de las formas, a esa anhelada arcadia. La producción de juguetes rindió homenaje a esa obsesión y supuso además para el artista uruguayo un laboratorio de ensayo moderno: en su cualidad transformable descubrió que toda forma lo es, que la vida de las formas reside en su transformación incesante.

Abordamos una de las facetas más únicas e interesantes dentro del apabullante universo creativo de Joaquín Torres-García: su producción de juguetes desmontables.

Joaquín Torres-García comienza a crear sus primeros juguetes de madera pintada, como una forma de ganarse la vida con algo que fuera artístico y, a la vez tuviera una salida comercial.

Formalmente, emprende su producción en Barcelona en 1918, donde constituye la Sociedad del Juguete Desmontable junto a Francisco Ramblà, fabricante e industrial catalán. Y es allí, en Barcelona donde realiza varias exposiciones de juguetes y presenta la patente de su “invención para un sistema de balancines para movimientos oscilantes y de traslación”, el origen de los entrañables caballitos-balancín.

Se trata de robustos objetos de madera, un material noble, natural y resistente. Juguetes esquemáticos, someros, que eran además desarmables y adaptables para así estimular la creatividad de niños y niñas.

Imita a los niños: juega

En julio de 1922, Torres-García se traslada a Italia con la idea de continuar la realización de juguetes y exportarlos bajo la marca Aladdin Toys. Asociado también  al artista holandés Bueno de Mesquita, residente en Florencia, trabaja en la exportación de juguetes para la casa holandesa Metz Co. y a otras filiales del continente.

El año clave en este proceso de internacionalización es 1924, cuando firma un contrato en Nueva York para crear su propia fábrica de juguetes. Ahí comienza la producción a gran escala de Aladdin Toys, esos juguetes de madera donde explora la noción de una estructura transformable, una idea que informaría gran parte de su arte por venir, tanto sus pinturas como sus esculturas.

El artista confiesa entonces: «yo vuelvo a animarme a trabajar, después de tanto tiempo de no pintar nada. Los juguetes me arrastran a eso. Porque es lo mismo que lo otro. Al fin creo que habré hallado algo que, a pesar de dar dinero, –si es que lo da– me hará feliz hacerlo. ¡Todo es juguete y pintura!…».

Los juguetes pasan a ser una razón de alegría, en aquellos tiempos de tragedia y guerra, de pobreza y escasez; piezas clave para entender su obra que respondían a la misma razón plástica de la pintura, a la misma investigación formal.

Los juguetes –figuras de infancia en un artista fascinado por la infancia de las formas– fueron también, para él, la infancia de su escultura y como tal generarán un repertorio similarmente antropomorfo, esquemático que constituirá su lenguaje, su personalísimo estilo constructivo.

Tras dos años de trabajo en Italia, decide mudarse al sur de Francia donde al poco tiempo se entera de que un incendio había destruido los almacenes de la compañía Aladdin Toys Co., en Estados Unidos, con toda la producción de juguetes.

En 1926 viaja a París, donde la prioridad vuelve a ser la pintura. Éstos fueron años fundamentales en su evolución como artista; allí se vincula con los principales exponentes de las vanguardias; promueve agrupaciones de artistas, realiza publicaciones y formula su Universalismo Constructivo. Sin embargo, los juguetes -realizados artesanalmente- siguen presentes como una forma de sostén económico; incluso, en muchos casos, precedieron a la creación de obras de mayor formato, apreciados como piezas de arte por su originalidad y lenguaje estético.

En 1932, Torres-García abandona París por la crisis económica y se instala en Madrid, creando en 1933 el Grupo Constructivo. Un año y medio después, con 60 años de edad, decide regresar a su Montevideo natal junto a su familia, impulsado por la idea de fundar una Escuela de Arte Constructivo. Los juguetes ya están lejos del centro de su atención. Sin embargo, este capítulo de su vida termina en Montevideo, con una exposición en el Museo de San José del Carmen.

El Espacio Fundación Telefónica presenta la retrospectiva Joaquín Torres-García: un moderno en la Arcadia, una muestra producida por el MOMA de Nueva York, donde pudo verse del 25 de octubre de 2015 al 15 de febrero de 2016, en colaboración con el Museo Picasso Málaga, donde podrá disfrutarse también del 10 de octubre al 5 de febrero.

Por Adriana Herreros