La corrala LA CORRALA, EL BLOG DEL EQUIPO EDUCATIVO

¿Sabes esa sensación… como cuando tomas un postre que te encanta, que está especialmente rico esta vez, porque te lo estas tomando en una sobremesa junto a la mejor compañía que podrías imaginar? ¿Ese postre que no está ni demasiado empalagoso, ni demasiado ligero, que te deja saciado pero no como para empacharte?

Pues esa es exactamente la sensación que me deja mi periodo de prácticas en el Espacio Fundación Telefónica. En estos tres meses me han dado la oportunidad de tener un montón de experiencias de todo tipo, además de poder disfrutar y trabajar con joyas como las exposiciones de ‘Sin Título’, ‘El arte en el cómic’, ‘Kinematope [paisaje técnico]’ de Pablo Valbuena, ‘Historia de las telecomunicaciones’ y ‘Julio Verne, los límites de la imaginación’.

Cuando llegué no me imaginaba que fuese capaz de hacer tantas cosas. Desde aprender todos los contenidos y teoría que conlleva hacer una visita guiada a saber cómo se organiza un taller o actividad concreta, incluso me parecía una locura acordarme de en qué planta de este majestuoso edificio estaba cada sala. Pero cuando tu pasión es tu profesión, nada del esfuerzo y las horas importa, si te permiten hacer todo esto y además te tienden la mano para ello.

En estos 90 días, los dos talleres que he podido diseñar y desarrollar han sido el fruto de todo este esfuerzo. El primero, Comando Cómic, lo pensé junto a mi compañera Alba Calero, con quien he compartido toda esta experiencia desde el principio. Y el segundo… qué decir de Al Son de la Luz… tanta recompensa por parte de adolescentes es algo que merece la pena de trabajar.

Al Son de la Luz surgió a raíz de la propuesta por parte de Alicia Carabias de diseñar un taller propio relacionado con una de las exposiciones, en mi caso de ‘Kinematope [paisaje técnico] de Pablo Valbuena. El taller consta de una práctica de dibujo con luz (o light painting) que ha de realizarse al son de unos sonidos que se emiten, y que no se dice a qué corresponden en un principio. Cada participante ha de mover su linterna conforme a lo que ese sonido le transmita, y más tarde se hace una puesta en común en la que observamos cómo un sonido puede tener múltiples interpretaciones o transmitir diferentes sensaciones. El resultado final son una serie de fotografías realizadas con larga exposición y que muestran los movimientos que cada joven ha realizado.

Y así, poco a poco, he ido alimentando al monstruo de la mediación que llevo dentro, queriendo cada vez más, y pidiéndole a mis compañeras poder hacer talleres y visitas, lanzándome a la piscina desde la segunda semana de entrar, y dándome cuenta de cosas que jamás había pensado que me podrían gustar, como trabajar con jóvenes o personas mayores, los cuales, hoy por hoy, son los grupos que más me gustan.

Si me preguntasen con qué me quedaría de todo esto, mi respuesta sería interminable, pero quizá eligiera (como ya dije en una sesión de El Museo es una Escuela) el factor sorpresa que este espacio deja al público y los participantes. Con esas caras de «quiero más». La misma cara que tengo yo al terminar mis prácticas, y al ver la libertad para crear, trabajar y hablar que me han dejado tener.

En fin… creo que después de haber vivido esta experiencia puedo decir que, a partir de ahora, siempre pediré postre.