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Diseños florales sobre madera, volutas de hierro o bronce, baños de oro… Los primeros capítulos de la historia de la telefonía están plagados de teléfonos fascinantes, hechos a mano durante semanas, con los mejores materiales y los diseños más sofisticados. Éstos ilustran sin embargo una época (del siglo XIX a los años 40 del XX) en la que el acceso a la telefonía era un privilegio del que muy pocos disfrutaban. Como cualquier innovación tecnológica, el teléfono tuvo en sus orígenes un carácter oficial y lujoso, reflejado en su diseño.

Las cosas se pusieron más interesantes cuando se introdujo en la telefonía un nuevo material: la baquelita, el primer plástico 100% sintético. Creada por Leo Baekeland (de ahí su nombre) en los primeros años del siglo pasado, la baquelita se ha convertido en un material icónico, muy apreciado por los amantes de lo retro. Con su aparición el proceso de creación de los teléfonos se industrializó: su tiempo de fabricación se redujo a unos 7 minutos, su precio bajó y la demanda aumentó.

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Pero no sólo la telefonía se benefició de este innovador material. La baquelita logró introducirse en todos los ámbitos imaginables, convirtiéndose en el componente estrella de exprimidores, ceniceros, juguetes, cocteleras, peinetas, calendarios… objetos que hoy coleccionistas de todo el mundo conservan celosamente. Parte de una de estas grandes colecciones, la de Rafael Ortiz, puede contemplarse actualmente (y hasta el 17 de enero) en la exposición Baquelitas. Creando futuro del Museo Nacional de Artes Decorativas.

El Equipo Educativo del Espacio Fundación Telefónica no quiso perdérsela, y acompañado por la guía María Villarreal tuvo el placer de descubrir la evolución de este plástico a través de las 300 piezas que forman parte de la muestra. Os contamos aquí algunas de las cosas que descubrimos:

• No es nácar todo lo que reluce

Desde mediados del siglo XIX, los primeros plásticos naturales y semisintéticos tuvieron la intención de imitar materiales nobles como el marfil, el carey o el cobre. En la exposición se pueden ver, por ejemplo, una sofisticada pitillera que parece estar hecha de nácar o unas cajitas de cosméticos de efecto mármol.

• Un comienzo discreto

En 1907 aparece la baquelita, un material duro pero fácilmente moldeable, que podía utilizarse en los procesos de fabricación en serie. Las primeras piezas eran de colores muy serios (negros, marrones, rojos oscuros…), ya que se tardó un tiempo en dar con la fórmula necesaria para fabricar objetos de baquelita más coloristas. Los teléfonos de baquelita son de hecho recordados, entre otras cosas, por su perenne color negro.

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• Un plástico para gobernarlos a todos

Poco a poco el proceso de elaboración de la baquelita fue mejorando, permitiendo así la creación de objetos más sofisticados, coloridos y complejos, en los que se introdujeron otros materiales, como el metal.

Tras la Primera Guerra Mundial el plástico ya se había convertido en un material de enorme éxito, popularizado por su utilización en aparatos como la radio o el gramófono. Éstos, al igual que el teléfono, habían tenido unos orígenes marcados por el uso de elegantes materiales, pero se democratizaron gracias a la aparición de la baquelita.

Hacia la mitad del siglo XX nuestro material, ya imparable, inundó los hogares. La exposición nos permite hacernos una idea de hasta qué punto los aparatos domésticos acogieron a la baquelita con piezas como una trituradora, una maquinilla de afeitar, un secador o una plancha. Al terminar el recorrido, con el cenicero de los años noventa de Philippe Starck, Joe Cactus, el visitante comprende por qué a la baquelita se la terminó llamando “el material de los mil usos”.

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Os recomendamos que os acerquéis al Museo Nacional de Artes Decorativas (¡recordad que sólo tenéis esta semana!), y os proponemos un pequeño reto: que encontréis el único teléfono de baquelita que se hospeda en la exposición.