04.03.2019

Rosa Mª Calaf: “Ahora mismo es fundamental el activismo”

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Rosa María Calaf (Barcelona, 1945) trabajó como corresponsal de TVE en Nueva York, Viena, Moscú, Buenos Aires, Roma y Pekín y ejerció como jefa de programación en la televisión autonómica catalana. Pionera, referente para varias generaciones de profesionales de la comunicación, encarna un tipo de periodismo comprometido. 

Aprovechamos su visita a Espacio Fundación Telefónica con motivo de la presentación del libro de la también periodista Sandra Sabatés, Pelea como una chica‘ (Planeta 2018), para charlar con ella de medios de comunicación, feminismo y compromiso social.

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Hace ya algún tiempo una mujer (ella era ingeniera) me dijo que sin referentes, si no hay nadie que te muestra algo, si en tu realidad no ves cosas, es imposible que proyectes sobre esas cosas. ¿Qué mujeres marcaron tu camino, te mostraron que era posible que tú fueras periodista, que fueras reportera, periodista haciendo información internacional?

Rosa María Calaf– Igual mis referentes más inmediatos fueron ejemplos anglosajones. En tele en aquel momento ya despuntaba la pionera del periodismo televisivo femenino Barbara Walters. También, entre la gente que trabajaba en la CBS en información internacional había varias mujeres, varias firmas ya muy potentes. Pero si te soy sincera yo realmente lo que quería ser era Oriana Fallaci, la primera mujer italiana corresponsal de guerra.

Al mismo tiempo, tú eres referente para un montón de mujeres que decidieron dedicarse a esta maravillosas profesión que es contar lo que sucede de forma veraz. ¿Cómo se lleva esto?

Rosa María Calaf– Efectivamente. Lo llevo con una enorme satisfacción, me da mucha alegría y algo de angustia, ya que es una responsabilidad tremenda pero también un privilegio. Apoyo por un lado que hayan elegido esta profesión, mejor, este oficio –el periodismo es un oficio con vocación de servicio– maravilloso, muy necesario socialmente y más en situaciones de crisis. Por otro lado está la responsabilidad de “¡a ver dónde las he metido!”. También todo esto me obliga a estar muy atenta, a no fallar.

En los años 70 empezaste a trabajar en Televisión Española en Barcelona, fuiste una de las reporteras pioneras. ¿Cómo era ser mujer y periodista en los años 70?

Rosa María Calaf–Pues era muy difícil. Siempre que una mujer intenta entrar en determinado ámbito o profesión que se considera masculina (que por defecto, se consideran casi todas) lo tienes mucho más complicado. En aquel entonces, había rechazo por cierta parte de la sociedad y la otra parte te miraba con curiosidad y sorpresa. Otras veces te encontrabas con mucho paternalismo, condescendencia. Tenías que ir sorteando obstáculos. Algunas veces muy sutiles: no prohibiciones directas pero sí percepciones; eso es más complicado. Sigue siendo igual ahora: hemos mejorado mucho pero está claro que el imaginario y la construcción de lo social es androcéntrico. Las mujeres siempre estamos bajo la lupa.

También encontré aceptación, tanto en RTVE, tanto entre la jerarquía como entre mis compañeros no encontré nunca un rechazo frontal. Pero la constante es que debes demostrar permanentemente que tienes capacidad: no se te supone que tengas capacidad. Cada vez que quieres hacer algo debes de probar y demostrar que vales.

2018 fue un año emocionante dentro de la larga y amplia lucha por los derechos de la mujer en nuestro país. Para muchos, para muchas el movimiento feminista es el único movimiento social en la actualidad dotado de credibilidad y músculo, capaz de una movilización amplia y de lograr ciertos cambios sociales. ¿Tú lo ves también así?

Rosa María Calaf–Yo creo que lo importante es que es un movimiento que no cesa, que no desfallece pese a las constantes y permanentes zancadillas. Lo fundamental es que el movimiento feminista es un movimiento por derechos humanos, la igualdad es un derecho humano. Esa es su fuerza.

Avanzamos como movimiento pero avanzamos muy lentamente porque hay grandes resistencias. Y este momento es un momento muy peligroso porque están apareciendo indicios muy claros –que ya no se ocultan– de involución, de querer frenar, de hacer que se pierda parte de lo que se ha conseguido con mucho esfuerzo. Ahora mismo es fundamental el activismo, tener muy claro que no hay que dejarse engañar por todos esos mensajes falaces que quieren identificar el feminismo con cualquier otra cosa más allá de lo que es: derechos humanos de la mitad de la población.


“Los medios de comunicación como una pata de la construcción social, son un elemento clave en la formación de opinión pública y por tanto de creación de modelo social y tienen una responsabilidad enorme.”


Como periodista, ¿cuál crees que es o debería ser el papel de los medio de comunicación a la hora de tratar el tema de la violencia de género, o de las diversas desigualdades en oportunidades y derechos entre hombres y mujeres?

Rosa María Calaf–Por supuesto, los medios de comunicación como una pata de la construcción social, son un elemento clave en la formación de opinión pública y por tanto de creación de modelo social y tienen una responsabilidad enorme.

Queda mucho por hacer. Hay que estar muy atentas porque creo que hay una tendencia a banalizar, incluso a manipular el mensaje de la lucha de la defensa de los derechos de las mujeres, y por tanto la reivindicación de la igualdad.

El libro de Sandra Sabatés es un gran homenaje a 31 mujeres sin las que apenas se entendería la historia y el desarrollo social de nuestro país. ¿Cómo de importante consideras visibilidad la historia de las mujeres?

Rosa María Calaf–Siempre es una alegría que se presente un libro, y el tema de este es muy especial para mí. Con Sandra comparto su pasión por mirar y por narrar. Si lees los nombres de las protagonistas de su libro verás que la mayoría de nosotras probablemente no hemos oído hablar antes de ellas… 

La visibilización es un trabajo fundamental, imprescindible. Lo que se ha hecho históricamente es precisamente invisibilizar los logros de las mujeres como si las mujeres no hubieran hecho nada a lo largo de la historia. Que en los libros educativos haya solo un 7,5% de mujeres entre las figuras científicas y culturales te indica que hay una voluntad de ocultación de cuál es y de cuál ha sido el papel real de las mujeres. Un trabajo como este –que afortunadamente ahora se están haciendo muchos– está probando que las mujeres han estado ahí y lo han tenido muy difícil pero han conseguido que avanzáramos en derechos.

Felicito a Sandra porque creo que es lo que debemos hacer los periodistas y las periodistas que tenemos la posibilidad de espacio, de atención porque podemos contar y la gente nos puede escuchar. Es nuestra obligación.

Por Adriana Herreros