05.03.2019

María Reiche, la mujer escondida tras las líneas de Nasca

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*Crédito fotografía de portada: María Reiche, Nazca. 1993. Autor: Javier Silva.

En la árida costa meridional peruana, bajo la arena del desierto de Ica, unas figuras dibujadas captaron la atención de una joven matemática alemana. Enamorada de esos enigmas, dedicó gran parte de su vida a observar, investigar, limpiar y proteger uno de los grandes misterios de la arqueología. Descubre la historia  de los geoglifos de la cultura nasca en la exposición #EspacioNasca.

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En uno de los desiertos más secos del mundo, entre las ciudades de Nazca y Palpa, una investigadora alemana barrió y estudió unas misteriosas líneas en la arena que formaban gigantescas figuras solo vistas al completo desde el cielo. Escoba en mano y llevando tan solo una escalera, cinta métrica y una brújula, María Reiche dedicó gran parte de su vida a medir casi 50 figuras geométricas y más de mil líneas, intentando descubrir su significado y convirtiéndose así en la guardiana de las Líneas de Nasca.

Ya desde pequeña, María Reiche soñaba con ser científica e investigadora. Nacida en Dresde un 15 de mayo de 1903, estudió matemáticas, física y geografía, y poco tiempo después de graduarse, en 1928, emprendió su viaje a Perú. Aterrizó en Lima en 1932, huyendo de la Alemania nazi y buscando un futuro que, finalmente, la encontró a ella. En Cuzco comenzó trabajando como tutora de los niños del cónsul alemán, pero tiempo después sintió la llamada de la capital, y se trasladó para trabajar como traductora y profesora de inglés y alemán, hasta que fue contratada como restauradora de textiles precolombinos en el Museo Nacional de Perú.

Traduciendo fue como conoció las líneas de Nasca. Entre los artículos del arqueólogo estadounidense Paul Kosok descubrió que existían unos misteriosos geoglifos que databan desde el año 200 a. C. hasta el 700 d.C., y abarcaban más de 500 kilómetros cuadrados en el desierto de Ica. En 1941, el propio Kosok le propuso ser su asistente, y viajar a la llanura para estudiar aquellas figuras dibujadas en el suelo. A causa de la guerra, la joven alemana tuvo que regresar a su país poco tiempo después, pero en 1945 volvió a Perú, atraída por aquellas líneas misteriosas, en aquel momento indescifrables, y allí pasó el resto de su vida.

A pesar de las dificultades, María Reiche nunca cesó en su investigación. Se mudó a una choza cercana a la zona para estar lo más cerca posible de su pasión, y jamás cesó en su empeño. Al principio, los lugareños desconfiaban de ella, llamándola “bruja” al verla caminar por la arena limpiando algunos tramos, medir y realizar cálculos constantemente. Más tarde, la bautizaron como “la mujer que barría el desierto”, y hoy es conocida como la Dama de Nasca, por su labor de investigación, protección y conservación de las líneas cuando el turismo y las visitas se convirtieron en un riesgo para mantener aquella maravilla.

A lo largo de su trabajo, descubrió que muchas de las figuras y líneas dibujadas tenían relación con el calendario astronómico, concluyendo que hacían referencia a ciclos como el solsticio de verano, así como los cambios climáticos para planificar las cosechas. Entre las figuras destacaban formas de animales, como un mono, que según ella representaba la Osa Mayor, grullas, colibríes o flamencos. Sobre este último, por ejemplo, la investigadora afirmaba que, si alguien se colocaba en su cabeza en las mañanas del 20 al 23 de junio y seguía con la mirada la dirección del pico, podría observar la salida del sol tras uno de los cerros del paisaje.


“Tenemos aquí el testimonio en gran escala y único en el mundo del primer despertar de las ciencias exactas en la evolución de la humanidad”

 


En la actualidad, este debate aún persiste, pues existen otras teorías que afirman que las líneas tenían relación con algunas ceremonias religiosas propias de la cultura Nasca. “Sería tener una opinión muy baja de los antepasados, de suponer que todo este trabajo inmenso y minuciosamente exacto y detallado, hecho con concienzuda perfección, tenía como única finalidad el servicio de una superstición primitiva o un culto estéril de los antepasados”, afirmaba María Reiche. “Al contrario, tenemos aquí el testimonio en gran escala y único en el mundo del primer despertar de las ciencias exactas en la evolución de la humanidad, esfuerzo gigantesco de la mente primitiva que se refleja en la grandeza de la ejecución bajo el cielo vasto de las pampas inmensas y solitarias, barridas por el viento y quemadas por el sol”.

En 1949, la investigadora alemana publicó su primer artículo sobre los geoglifos del desierto peruano, titulado ‘Mistery on the desert. A study of the ancient figures and strange delineated Surface’. Tiempo después, en 1974, María Reiche creó el primer mapa sobre las figuras de Nasca, tras haber medido con métodos muy básicos y pocos recursos las fascinantes líneas de la zona, y observándolos desde el aire con la ayuda de la Fuerza Aérea Peruana.

Durante toda su vida, María Reiche luchó por proteger las líneas de Nasca. Con su perseverancia consiguió que, en 1994, la Unesco otorgara la categoría de Patrimonio Cultural de la Humanidad a las líneas a las que dedicó su vida. Perú también quiso devolverle todo lo que había hecho por su país, y entre las distinciones que le concedieron a lo largo de su vida se encuentra la Medalla Machu Picchu de la Unesco, la Orden al Mérito por Servicios Distinguidos en el Grado de Gran Cruz y el título de Ciudadana Honoraria de Perú concedido por el propio Gobierno, así como la nacionalidad peruana.

María Reiche falleció el 8 de junio de 1998 en Lima y fue enterrada en Nazca, siempre cerca de las líneas que la enamoraron tiempo atrás. La matemática alemana dijo una vez: “Tengo definida mi vida hasta el último minuto. El tiempo será poco para estudiar la maravilla que encierran las pampas de Nasca, y ahí moriré”. Y así lo hizo.

Por Almudena Guerra