07.02.2017

Cómo Houdini desató la controversia en la prensa española

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Las imbatibles hazañas de Harry Houdini sedujeron a la sociedad del momento, convirtiéndole en todo un referente, un icono. Fue un hombre ambicioso, adicto a las emociones fuertes que perseguía la fama, y consiguió que sus espectáculos ocuparan un gran espacio en los medios de comunicación. Y, ¿cómo trató la prensa española al hábil ilusionista?

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Ehrich Weiss, más conocido como Harry Houdini, fue un ilusionista estadounidense de origen húngaro que ya desde niño participaba como contorsionista y trapecista en diferentes espectáculos ambulantes. Máximo exponente de la “magia escénica” y la magia moderna, sin embargo, en lo que destacó y le otorgó fama a nivel mundial fue una práctica curiosa y extrema: el escapismo. Sí, fue su increíble capacidad para deshacerse de cadenas o esposas, de salir airoso de baúles cerrados con infinitos candados lo que cautivó al público de la época.

Sus imbatibles hazañas sedujeron a la sociedad del momento, ocupando un gran espacio en los medios de comunicación. Y es que Houdini manejaba estrategias de comunicación bastante modernas y sabía como tener a la prensa contenta, y de su lado.

¿Quién es Houdini?

Diario El Sol, 1919.
Diario El Sol, 1919.

Los medios españoles de la época estuvieron muy atentos a la trayectoria del ilusionista. En la década de los veinte del pasado siglo, era habitual encontrar en la prensa española anuncios sobre los próximos espectáculos de Houdini, y también leer algunos artículos en los que se alababa al enigmático mago. En 1919 el diario El Sol publicaba así la pieza ‘¿Quién es Houdini?’: “es el hombre que en la tierra ha conquistado más celebridad; el que se ha hecho más popular, hasta el extremo de que no hay quien no le conozca en España, porque sus hazañas, su vida entera son una inacabable serie de hondísimas sensaciones”.

Heraldo de Madrid, 1920.
Heraldo de Madrid, 1920.

Además, sus espectáculos se anunciaban de forma llamativa, apelando a la curiosidad del lector: “Perder el estreno de ¡Houdini…! es una gran desgracia”.

Pero si hubo una noticia que despertó el interés de la prensa española, de los intelectuales –entre ellos, del escritor Ramón María del Valle Inclán, amigo de la familia–, científicos y público de la época sin duda fue el caso de Joaquín María Argamasilla de la Cerda y Elío, XI marqués de Santacara. Un joven de familia (muy) bien que aseguraba poseer visión de rayos X que le permitía ver a través de los cuerpos opacos.

Y es que junto a medrar en la profesión y desarrollar su carrera, Harry Houdini dedicó parte de su tiempo a desenmascarar públicamente a los espiritistas, ilusionistas y magos que afirmaban tener facultades sobrenaturales. Nuestro mago puso sus conocimientos y sabiduría al servicio de la búsqueda de la verdad. Houdini siempre defendió la diferencia entre sus espectáculos basados en fundamentos científicos, técnicos y físicos, y todos aquellos shows que juraban la existencia de fenómenos desconocidos, prodigios paranormales. Además el mago había adquirido a través de los años un conocimiento enciclopédico de las técnicas de todo tipo de prestidigitadores, lo que le permitía acabar raudo con las demostraciones de falsos espiritistas.

La obsesión de Houdini por denunciar públicamente estas prácticas estuvo motivada por un asunto personal: el fallecimiento de su madre. Tras la muerte de esta, Houdini confió en algunos médiums para que le ayudaran a establecer contacto con ella. Lógicamente, se sintió engañado. Pura magia.

Disparidad de opiniones

El XI marqués de Santacara comenzaba a tener fama como vidente. Llegó incluso a convencer de semejante facultad a parte de la academia científica. Y por iniciativa de la misma reina María Cristina, se constituyó una comisión presidida por Ramón y Cajal y formada por oculistas, neurólogos, psiquiatras y físicos, con el objetivo de estudiar el caso.

En 1.924 Houdini decide desenmascarar los trucos de Argamasilla, y le acecha en varias sesiones públicas durante su intensa gira norteamericana, ante una amplia audiencia y la atenta mirada de la prensa. Tal fue su empeño por intentar desmontar el caso Argamasilla y por sacar a la luz sus trucos sucios, que publicó incluso un folleto – ‘A complete exposure of Argamasilla, the famous Spaniard who baffled noted scientists of Europe and America, with his claim to X-Ray Vision’– explicando los movimientos que el aristócrata realizaba durante sus sesiones para poder ver (supuestamente) a través de los cuerpos opacos.

Diario El Sol, 1925.
Diario El Sol, 1925.

A partir de entonces, los medios españoles conceden todavía más páginas a Houdini en sus publicaciones. Bajo el título ‘Espiritismo, videncia y engaños’ (diario El Sol, 1925) el ilustre doctor Lafora –neurólogo y psiquiatra español, discípulo de Santiago Ramón y Cajal– publica un artículo de opinión basándose en las experiencias de Houdini, donde cuenta el caso Argamasilla a la audiencia española de forma pormenorizada, y concluye que todo espiritismo es un engaño.

En la prensa española hubo opiniones dispares sobre el caso Argamasilla. La mayoría de las opiniones del diario El Sol fueron bastante favorables a Houdini, mientras que el ABC se posicionó al lado de Argamasilla (‘ABC en Nueva York. El Maravilloso Argamasilla’).

Diario ABC, 1924.

El propio aristócrata y después su padre iniciaron incluso una serie de recriminaciones al diario El Sol por señalar que era un farsante. El director y colaboradores de este diario, entraron en el debate y se enzarzan en una serie de acusaciones públicas. Así las cosas, durante febrero de 1926, prácticamente todos los días, este periódico daba voz a diferentes científicos de renombre para que expresaran su opinión sobre los supuestos poderes del aristócrata, y la mayoría le acusaban de fraude.

Pero la realidad es que la apasionante historia del desenmascaramiento del joven gallego por parte de nuestro ilusionista no fue admitida del todo por  la prensa española, ni la sociedad de la época. De hecho, Argamasilla terminó ostentando cargos en la administración de la época. Pura magia.

Por: Adriana Herreros