03.09.2021

Coloreamos la vida con inteligencia artificial (IA)

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El color ha suscitado y suscita muchas preguntas a la humanidad. En nuestra exposición ‘Color. El conocimiento de lo invisible’ podemos ver, por ejemplo, el círculo cromático de Goethe, donde resumió su inolvidable libro ‘Teoría de los colores’ (1810) y se preguntaba no solo por la percepción, sino por las emociones generadas por los colores. Pero, ¿qué se preguntan los algoritmos de la IA sobre el color? ¿Se preguntan estas redes neuronales si los sueños son en colores? 

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El descubrimiento del color se gestó entre un prisma triangular de cristal y un fino rayo de luz que se filtró a través de él. Fue el físico y matemático Isaac Newton quien, a finales del s. XVII, lo entendió observando la secuencia multicolor (parecida a un arcoíris) que se desprendía de esa unión. Desde entonces, el color ha sido un parámetro valiosísimo en campos científicos con los que no es usual asociarlo, como el desarrollo de la inteligencia artificial (IA), también llamada inteligencia computacional o redes neuronales.

El color es un concepto compartido y vital. Un fenómeno físico, tecnológico, cultural y psicosocial que fluctúa. Y es precisamente el progreso científico, industrial y tecnológico el que hace que el abanico de colores se amplíe y sigamos conociéndolo más allá de sus límites, llegando al conocimiento de lo invisible. A día de hoy, la representación de la carta de colores está condicionada por los sistemas informáticos y las inteligencias artificiales: nos han descubierto colores inéditos que permiten describir una realidad cada vez más mediatizada por las pantallas.

©Foto: pieza de la exposición ‘Color. El conocimiento de lo invisible’ en Espacio Fundación Telefónica. 

La IA nos revive digitalmente

La IA ocupa un lugar cada vez más importante dentro de nuestro día a día, especialmente en el medio audiovisual. Dentro de este campo, la inteligencia artificial puede “ver” el color de distintas maneras:

  • Ilusiones ópticas

Una de ellas es aquella con la que es capaz de recrear imágenes ilusorias a través de la tecnología deepfake, reconocida en los medios de comunicación y utilizada en superproducciones de Hollywood o en campañas comerciales donde se puede dar vida y color a, por ejemplo, una artista española icónica ya fallecida como Lola Flores.

La técnica no se limita solo a las caras humanas, sino que se ha extendido a los mapas falsos, el deepfake geography. El “engaño” visual consiste en aplicar edificios, estructuras y vegetación de diferentes procedencias a un lugar concreto. Puede resultarnos llamativo transportar colores y figuras de un lugar a otro del mundo pero, el hecho de que a veces no sea fácil reconocer que se trata de una ilusión óptica, y nuestra vista lo admita como real, abre el debate sobre si tendremos un problema con la verdad.

  • Cine, imagen e IA

Otra de las formas que tiene la IA de colorear digitalmente la vida está también relacionada con lo audiovisual: la tecnología de coloreado de imágenes y películas. El resultado busca ponerlas a disposición de un mayor número de personas frente a otras técnicas de coloreado a través de lo analógico (coloreando artesanalmente) o a través de diferentes programas de edición de imagen y vídeo que, aunque ofrecen resultados impactantes, suponen un mayor coste, hablando en términos económicos y temporales.

Un ejemplo a destacar de cómo la imagen está siendo objeto de técnicas de coloreado y restauración generadas con IA es la técnica desarrollada por Satoshi y Edgar Simó-Serra en la Universidad Waseda (Japón). Está basada en un ingente archivo de imágenes de referencia que alimentan a una IA. A partir de aquí, el sistema escoge automáticamente un número aleatorio de frames de una película y, con esa selección, procede al coloreado de todo el metraje. Lo que reduce muchísimo el coste final es que sea solo en la fase del acabado donde hay una intervención humana que asegure un resultado idóneo. Esto podría confirmarnos que, aunque el sistema lo ejecute una máquina regida por inteligencia artificial, no significa que no haya una aportación humana detrás. De hecho, sin una inteligencia viva no habría podido llevarse a cabo el experimento.

En ‘Color. El conocimiento de lo invisible’ se muestra, con el fin de probar este tipo de tecnología, una instalación que colorea diferentes clips que pertenecen al Archivo Audiovisual de Telefónica y que fueron generados por la compañía desde su fundación en el año 1924. Se han elegido para ello los que mejor estado de conservación presentan, de modo que la red neuronal pueda trabajar con las imágenes en blanco y negro, y producir las mismas piezas, pero a color. El resultado son imágenes de un Madrid hasta ahora desconocido para el público.

©Foto: fotogramas original (izquierda) y coloreado (derecha) de una grabación perteneciente al Archivo Audiovisual de Telefónica.

Tecnología, memoria y color

La tecnología y la memoria colectiva vinculadas a cada época están estrechamente unidas. Tanto que a cada periodo le asignamos una tonalidad, la propia de las técnicas disponibles de ese momento. Quizá ahí radica el por qué de lo extraño que nos resulta ver coloreadas imágenes que relacionamos con unos tiempos en blanco y negro. Los personajes que las habitan, al no estar en color, los consideramos ajenos a nosotros. Y, al teñirse de los colores de nuestra realidad, pasan a ser iguales, con las mismas preguntas y sueños. Pasan a ser nuestros contemporáneos con solo aplicar una capa de color cuidadosamente diseñada por la inteligencia computacional.

Pinta y colorea tú mismo

Revivir el pasado a través del color da muestra del poder tan vital que conlleva este intangible. Al mirar detenidamente esas imágenes antiguas coloreadas, podemos extrañarnos por no concordar con nuestra época, o podemos aceptarlas sin dudar, creyendo firmemente que pertenecen a nuestro momento, aunque estemos frente a un profundo deepfake.

Ante esta confusión de tiempos y colores, hay una forma de no dudar y saber exactamente lo que estamos viendo: hacerlo nosotros mismos. ¿Preparado? Podemos transformar el color, y por tanto el tiempo, con una IA accesible a través de nuestro ordenador o móvil. A día de hoy, es posible codearse con la inteligencia computacional a través de apps que facilitan el coloreado de imágenes para uso doméstico. Es el caso de DeOldify, un software que traduce una imagen en blanco y negro a color, y que tiene su versión más avanzada en MyHeritage, el lugar para colorear tu historia familiar.

Las posibilidades de dar vida o acercarnos a cómo es la vida de una forma cada vez más fiel van en aumento. Las que están aquí recogidas son solo unas pocas pinceladas de lo que los algoritmos de la IA pueden llegar a hacer con color y entrenamiento. La fotografía subacuática que logra que la física de la luz se mantenga bajo el fondo marino, o la clasificación y evaluación de las características de las piedras preciosas de colores son solo dos ejemplos más en un universo de luz, color e inteligencia artificial.

Por Robin Quiroga Pérez