18.10.2018

‘Cobot’, o no tener miedo a los robots

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Andrés Ortega es el comisario de la muestra ‘Nosotros, Robots’ y además es periodista y analista. En este artículo escribe sobre la robotrevolución y la colaboración entre humanos y robots, que nos permitirá llegar donde hoy aún no llegamos. 

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Foto: Nao Robocup Edition de Aldebaran, 2018.

Los humanos no debemos temer a los robots. De un modo muy general, harán nuestra vida más fácil en muchas dimensiones. Los robots pueden ayudar, o sustituir, en tareas que resultaban muy arduas para los humanos, por ejemplo, en algunos tipos de minas o en algunos aspectos militares, o que requieran mayor destreza, como en la cirugía o en la microtecnología, para cuidar a mayores y enfermos, para tareas en el hogar y otras que requieran mayor rapidez o mayor lentitud y precisión, a lo que hay que añadir los vehículos autoconducidos que cambiarán el paisaje urbano, o su papel en la apasionante exploración espacial, entre otros. La lista de las posibilidades tiene principio -estas es una invención relativamente reciente, aunque sea un sueño antiguo- pero no tiene fin. El proceso, la robotrevolución, acaba de empezar. Nos permitirá llegar a donde no llegamos.


“El Foro Económico Mundial estima que un 65% de los niños y niñas actualmente en primaria desempeñarán de adultos tareas que no existen en la actualidad”

 


“La tarea más grande de la civilización en la actualidad es hacer de las máquinas lo que deben ser, esclavas, en lugar de amas de los hombres”, sentenció ya en 1922 el médico británico Havelock Ellis. El auge de las máquinas -y el salto cualitativo que suponen los robots con inteligencia artificial- es un hecho positivo en muchos aspectos de la vida. Previsiblemente nos ayudará a afrontar el envejecimiento de nuestras sociedades, y facilitará la movilidad de los impedidos u otras superaciones de trabas físicas. No estamos hablando de utopías distantes. Los asistentes personales que van en nuestros móviles, ordenadores o tabletas son ya una realidad (aunque requieran, sin duda, perfeccionamiento y mejoras), y los robots de servicio y de entretenimiento están viviendo una primavera.

InMoov de Gaël Langevin, 2012.
InMoov de Gaël Langevin, 2012.

Los robots pueden hacerse con varias tareas o empleos que hasta ahora desempeñaban los humanos, pero los avances tecnológicos crearán otros que solo empezamos ahora a entrever. El Foro Económico Mundial estima que un 65% de los niños y niñas actualmente en primaria desempeñarán de adultos tareas que no existen en la actualidad. Los buenos empleos -nuevos o viejos- requerirán saber colaborar con las máquinas, con los robots. Esta colaboración entre humanos y robots, en las fábricas, en las oficinas, en los hospitales o en los hogares, se llama ‘cobot’. La idea de cooperación es uno de los factores fundamentales de la civilización y la cultura humanas. También debe serlo de un nuevo humanismo del que formarán parte estos robots. Esta cooperación servirá para crear empleos menos rutinarios y más creativos, aunque se plantea un problema de transición, en la que ya andamos inmersos, entre los tiempos pasados y los venideros, y que producirá una mutación en la idea del trabajo y más aún en la históricamente reciente del empleo.


“Al fin y al cabo, la técnica y la tecnología son invenciones humanas, “esfuerzo para ahorrar esfuerzo”, como lo definiera el filósofo José Ortega y Gasset”

 


De cara a esa transición que ya ha comenzado, para prepararse para el presente y para los tiempos venideros, ha de cambiar profundamente la educación de los humanos, tanto la inicial como la permanente o regular a lo largo de la vida profesional y personal. A este respecto, los robots serán instrumentales, pues ya empiezan a tener una importante labor pedagógica.

Debemos, de una manera general, aprender a entendernos con estas máquinas, como lo hemos hecho a leer, escribir, hacer operaciones aritméticas, conducir, o usar el ordenador, el móvil y navegar por Internet, todas acciones nada naturales, pero tan humanas. Pues, al cabo, la técnica y la tecnología son invenciones humanas, “esfuerzo para ahorrar esfuerzo”, como lo definiera el filósofo José Ortega y Gasset. También es necesario avanzar mucho más hacia un nuevo modelo de investigación no ya interdisciplinario sino de integración entre disciplinas. Es lo que hacen varios centros punteros al fomentar una convergencia entre las ciencias de la vida, las físicas y la ingeniería, en lo que se puede llamar una “tercera revolución” científica, sin olvidar las ciencias sociales y la filosofía, cada vez más necesarias para afrontar la actual y futura revolución tecnológica, en la que los robots son parte determinante.


“Los robots han llegado, y con ellos haremos menos (tareas pesadas y repetitivas) y más (posibilidades)”

 


InMoov de Gaël Langevin, 2012.
InMoov de Gaël Langevin, 2012.

Con el tiempo, resultará inevitable que de alguna manera u otra nos fusionemos con las máquinas. Probablemente no solo tendremos que aprender a programar nuestros cerebros de otra forma, es decir, aprender a aprender de otra manera, sino también aceptar la idea de que nos tendremos que conectar directamente con estas máquinas. Las tecnologías implantables despuntan ya en el horizonte. “¿Qué será exactamente lo que constituya un robot cuando los humanos den realce a sus cuerpos y mentes con prótesis e implantes inteligentes?”, se pregunta el escritor James Barrat. La respuesta está aún abierta.

Nacemos, no somos fabricados.  Pero quizás nuestro futuro sea en parte nacer y en parte también ser fabricados, con la biotecnología y la robotización. De una forma u otra, acabaremos siendo todos cíborgs (palabra que combina ciber y organismo), en un proceso que difumina la separación entre hombre y máquina. Quedémonos de momento en la integración de hombre y máquina, que comportará el solapamiento de tres revoluciones: la genética (y biología sintética), la de la nanotecnología y la de una robótica con una inteligencia artificial fuerte por venir. Los robots han llegado, y con ellos haremos menos (tareas pesadas y repetitivas) y más (posibilidades). Los robots cambiarán a los humanos, es de esperar para hacernos más humanos.

Por Andrés Ortega.