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Los artistas, las obras de arte, el director del museo, el comisario de la exposición… ¿quién está detrás de todos ellos? El coordinador de exposiciones, la persona que supervisa y sirve de enlace entre estos perfiles tan diferentes. Preguntamos a uno de nuestros compañeros del área de exposiciones de Espacio Fundación Telefónica, Alejandro Sánchez Menéndez, por los detalles del proceso de montaje de una muestra.

• ¿Podrías resumirnos en qué consiste el trabajo de coordinación de una exposición y de qué aspectos te ocupas?

La primera parte de mi trabajo consiste en ser el interlocutor entre el comisario, los artistas y el diseñador de la exposición. Participo en la parte de conceptualización y adaptación del proyecto de comisariado a la sala.

Luego vendría una segunda fase de gestión. En ella el coordinador de exposiciones es el responsable de la gestión de los préstamos: de hacer la solicitud a los prestadores y todo lo que implica de seguros y transporte de las obras.

Al hilo de la gestión, el elemento principal de mi trabajo es la planificación y dirección del montaje. Los montajes suelen durar una semana aproximadamente. En esa semana se concentran un montón de cosas y mi papel es coordinar a todas las personas implicadas en el montaje y conseguir llegar a tiempo a la inauguración.

El último punto, que pasa más desapercibido, pero también muy importante, es el tema del seguimiento de la exposición. Una vez que ésta se ha inaugurado, el trabajo del coordinador no termina: tiene que estar pendiente, ver que todo está funcionando, que todos los elementos están correctamente expuestos… muchas veces hay obras que requieren mantenimiento, reparaciones, restauraciones…

• ¿Cuál de estos aspectos te gusta más? ¿Por qué?

Yo destacaría dos: el primero, el de la interlocución. Es el más interesante, donde se aborda la parte más conceptual de la exposición, donde los artistas te cuentan cómo es su trabajo y conoces de primera mano el proceso creativo de un artista, el planteamiento del comisario… y de hecho, el coordinador participa: su deber también es aportar cosas.

También me interesa mucho el diseño espacial de las exposiciones. Trabajar con un arquitecto en la definición de los espacios o cuando un artista hace un proyecto específico, como en el caso de Ryoji Ikeda, cuando la obra está concebida como una experiencia espacial y puedes observar en primera línea la conceptualización, el desarrollo del diseño y la transformación de un espacio que te es muy cercano, la sala de exposiciones es tu segunda casa… (risas).

• ¿Con cuánto tiempo se comienza a preparar la coordinación de una expo?

Lo ideal sería trabajar a dos años vista, pero no solemos contar con tanto tiempo. Incluso en algunas ocasiones hemos sacado proyectos en plazos de meses. La media viene siendo de un año, desde que el proyecto se aprueba hasta que te pones a trabajar en él de una forma concreta, con un presupuesto aprobado. Un año es lo habitual.

• ¿Hay alguna diferencia que destacarías entre el montaje y el desmontaje?

A priori, el montaje es siempre mucho más estresante que el desmontaje porque tienes un tiempo reducido de ejecución, que se suma a la presión de la fecha de la inauguración y de la rueda de prensa, y porque muchas veces no sabes con lo que te vas a encontrar, sobre todo en exposiciones en las que se trabaja con los nuevos medios y el arte electrónico.

• ¿Qué perfiles profesionales trabajan en el montaje de una exposición?

Los principales protagonistas son:

El comisario
En principio suele venir del ámbito académico y es el que aporta toda la parte conceptual o teórica, hace la selección de obras, es el que hila el argumento de la exposición. Incluso en algunos casos, la exposición puede presentar una tesis que queda defendida con las obras, con la propia muestra.

Los artistas
Cada vez más proceden de ámbitos muy diversos, más allá de las Bellas Artes; son personajes multidisciplinares y de lo más heterogéneo, y en el caso del arte de los nuevos medios, a menudo vienen del campo de la ciencia y la ingeniería.

Los “correos”
Son las personas que envía el prestador de la obra, ya sea una institución o un particular, para que la obra vaya siempre acompañada por un responsable que supervisa todo el traslado. Normalmente es un restaurador, un conservador o un técnico del área de registro del museo. El correo verifica durante el viaje, y sobre todo en la recepción de la obra en la institución, durante el desembalaje y su instalación, que este proceso se haga de acuerdo a las condiciones que requiere el prestador.

El diseñador de la exposición
Se encarga de la concepción espacial de la exposición y define la imagen que presenta la muestra y el ambiente que pretende transmitir, definiendo aspectos como la iluminación, que es muy importante y de la que luego se encargará un técnico iluminador. Con un perfil profesional generalmente de arquitecto, su trabajo es fundamental, sobre todo en el ámbito de las exposiciones temporales donde la temporalidad suele permitir escenografías más arriesgadas.

El diseñador gráfico
A diferencia del diseñador de montaje, que da la pauta de la imagen global que tiene que tener una exposición, para la imagen gráfica y para el tratamiento de todos los textos que hay en ella se cuenta con un diseñador gráfico.

La empresa de montaje
Responsable de instalar las obras en la sala, desde colgar cuadros o fotografías en la pared hasta construir complejas instalaciones escultóricas de carácter inmersivo donde el espectador puede integrarse y recorrer la obra como si se tratara de un edificio o un paisaje. Sus empleados son montadores especializados, con un perfil y una formación muy concreta en este campo y con experiencia en la manipulación de obras de arte. Son empresas que se han ido diversificando cada vez más porque tienen que dar respuesta a solicitudes de lo más variopinto.

El conservador y el restaurador 
En las instituciones culturales donde no existe la figura del conservador se cuenta con él de manera puntual cuando es necesario. En la mayoría de los casos es el coordinador de exposiciones quien asume todas aquellas funciones relacionadas con la conservación preventiva de las obras de arte, pues conoce los parámetros básicos que han de aplicarse en cada caso. Más allá de la revisión de las obras a su llegada a la institución por parte del coordinador y el correo, puede contratarse a un restaurador para que realice un análisis de conservación más complejo e incluso intervenir (con permiso del prestador) en caso necesario para restaurar o reparar alguna cosa.

El técnico especializado
En las exposiciones de arte electrónico y nuevos medios, contamos cada vez más a menudo con un perfil muy específico, un técnico especializado que nos da soporte y asesoramiento y que participa de forma activa en el montaje de este tipo de obras, con un perfil híbrido entre el arte y la ingeniería.

El comunicador
Otro perfil con el que estamos trabajando cada vez más es el de personas que vienen del ámbito de la comunicación. Las exposiciones son por definición un mecanismo de difusión y comunicación del arte, y para alcanzar este objetivo nos estamos apoyando mucho en la comunicación on line. Por ejemplo, al empezar a trabajar en una exposición, tenemos una reunión con nuestros compañeros del área de Comunicación para contarles el proyecto y que puedan pensar en formas de comunicarlo. Estas reuniones son muy útiles en los dos sentidos y nos ayudan también a mejorar y definir el planteamiento de la exposición, el diseño o sus contenidos. Además, el equipo de comunicación desarrolla contenidos muy atractivos que se cuelgan en la web, que acompañan a la expo y que la amplifican.

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• ¿Qué perfil académico te lleva a convertirte en coordinador de exposiciones?

Licenciados en Historia del Arte, Bellas Artes o Humanidades con conocimientos de Gestión Cultural y conservación del patrimonio, en líneas generales.

• La última exposición que has coordinado, ‘Theo Jansen. Asombrosas Criaturas’, cuenta con un componente técnico muy importante. ¿Qué requisitos imprescindibles destacarías para coordinar una exposición de estas características? 

En este tipo de exposiciones la participación directa del artista es imprescindible, porque trabajamos con piezas que cada vez que se instalan en un sitio determinado, es como si se volviesen a producir. Hay que partir de cero, no se trata de un simple préstamo que pueda instalarse sin la ayuda del artista.

También es fundamental contar con una persona que se ocupe de todo lo que tiene que ver con las necesidades y la viabilidad de la obra desde un punto de vista técnico, que provenga de ámbitos como la ingeniería o la informática. Alguien que pueda funcionar como interlocutor tecnológico entre el artista y nosotros, con la formación necesaria para poder mantener, reparar o poner en marcha las piezas una vez que el artista se haya ido.

• Ser coordinador te permite ver de cerca la particular manera de trabajar de cada artista. ¿Hay algún modus operandi que te haya llamado especialmente la atención?

Fue muy particular el caso de la exposición ‘Abstracción Biométrica’, del artista mexicano Rafael Lozano-Hemmer. Lozano-Hemmer domina perfectamente la parte técnica de su trabajo, y cuenta con un equipo profesionalizado y diverso para ocuparse de ese aspecto. Una vez que regresaron a su estudio en Canadá, él y su equipo dejaron en la sala de la exposición a un “técnico de mantenimiento” artificial, consistente en una tableta digital sobre una estructura con ruedas dirigida por control remoto. Desde Canadá ellos podían encender este robot y hacer un recorrido por la sala para comprobar que todas las piezas estuviesen funcionando correctamente.

• Por último, ¿qué le recomendarías a alguien que fuese a coordinar su primera exposición?

Le recomendaría sobre todo hacer un muy buen cronograma (por ejemplo con las tablas de Excel), en el que ir marcando todas las fechas relativas a la exposición, como la semana de montaje o las fechas límite (para el transporte, los seguros, la entrega de materiales o textos…). Sin duda el cronograma es la herramienta clave del coordinador.