La corrala LA CORRALA, EL BLOG DEL EQUIPO EDUCATIVO

En diciembre de 1979 apareció en el mercado el número 1 de una revista que aglutinaba a los artistas del cómic underground español. Se trataba de El Víbora, por cuyas páginas se dieron a conocer creadores patrios de la talla de Miguel Ángel Gallardo, Max, Javier Mariscal, Javier Montesol, Martí… Junto a ellos aparecían también algunos autores del cómic independiente americano como Gilbert Shelton o Art Spiegelman, y autores europeos como Stefano Tamburini, Tanino Liberatore, Gotlib o Willem.

Tras casi una década de presencia en kioscos y librerías, y tras haber vivido los años de bonanza que se conocieron como el boom del cómic adulto en España, salió a la venta el número 100 en mayo de 1988. La situación editorial era bien distinta. El mercado estaba en recesión y se había producido el cierre de algunas revistas míticas como Creepy o Cairo.

Con todo, la revista decidió celebrar la efeméride con un número especial para el que se creó una gran ilustración de portada que ocupaba tanto la cubierta como la contracubierta. El tema era una versión del cuadro La balsa de la Medusa (1819), de Théodore Géricault. Este lienzo muestra a los náufragos de la fragata Medusa encallada frente a la costa de Mauritania en 1816, de la que consiguieron escapar al menos 147 personas en una balsa improvisada que tardó en ser rescatada 13 días, con sólo 15 supervivientes.

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El equipo de El Víbora, con su humor característico, convirtió a la revista en una balsa que sobrevivía al naufragio editorial que reinaba en el panorama del cómic español de la época. Entre los tripulantes del navío encontramos a algunos de los principales personajes que habían desfilado por las páginas de la revista durante los 99 números anteriores.

Así, entre otros, podemos ver a Peter Pank de Max; El niñato de Gallardo; Las aventuras de Sarita de Galiano, Marta y Pons; Taxista de Martí; Fat Freddy´s Cat de Shelton;  OTAN si, OTAN NO de Gallardo, Mediavilla y Carulla; RanXerox de Stefano Tamburini y Tanino Liberatore; Squeak the Mouse de Mattioli; Cuttlas de Calpurnio, Roberto el Carca de Pámies; Amigos de Pons; Don Cipotón de Boada…

La realización de la obra no fue sencilla, dado que en 1988 no se contaba con la inestimable ayuda que proporcionan tecnologías como el correo electrónico y los programas de diseño gráfico. Así, cuando el primer dibujante trazó su personaje, se hicieron fotocopias que se mandaron por correo postal al resto de autores, para que realizasen el suyo en la posición y escala correctas. Cuando los nuevos personajes regresaban a la editorial, se integraban en la composición mediante la técnica del collage.

Finalmente, la laboriosa ejecución de esta obra vio la luz, y un texto en la contraportada cita a los autores que llevaron a cabo la pieza. Dice así: “Esta portada fue realizada en circunstancias extremas la tarde noche del 4 de mayo de 1988, con el soporte “brunch” de bocadillos, cervezas y todo lo demás; con lápices, pinceles, el pulso firme y la inspiración de: Pons, Martí, Gallardo, Mediavilla, Diego Calonge, Galiano, Avilés, Segui, Vallés, Laura, Das Pastoras y Nazario. Labia y sostén moral de Onliyú, Luisa, Emilio, El Berenguer y el sólido curro de Lourdes. El color lo han puesto Segui y María.”

El original puede verse en la exposición ‘El arte en el cómic’, hasta el 15 de mayo en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid. Se trata sin duda de una pieza única que es en sí misma “historia del cómic” de nuestro país.