
La cuántica es cotidiana. Cada día realizamos un buen número de gestos, de acciones comunes, que dependen de algo que apenas vemos. Consultamos nuestra cuenta bancaria, enviamos mensajes, hacemos compras online, accedemos a servicios públicos o almacenamos fotografías y documentos en la nube. Todo parece sencillo, casi automático. Pero, detrás de cada una de esas acciones, existe un complejo sistema diseñado para proteger nuestra información. Un sistema que, desde hace décadas, sostiene buena parte de la confianza sobre la que se construye internet.
La mayoría de nosotros nunca pensamos en ello y, sin embargo, la seguridad digital es una de las infraestructuras más capitales de nuestra sociedad. Ahora, la computación cuántica nos obliga a cambiar algunas de sus reglas fundamentales.




