29.05.2026

La mirada que desmanteló el sueño americano: estas son las claves de Los Americanos de Robert Frank

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Crédito de la imagen de cabecera: Robert Frank. Funeral – St. Helena, South Carolina, 1955. Collection Maison Européenne de la Photographie, Paris © Robert Frank Foundation, from The Americans.

Con motivo de Robert Frank & Los Americanos, la exposición que acoge la planta 4ª del Espacio Fundación Telefónica , organizada junto a la Maison Européenne de la Photographie de París, nos adentramos, precisamente de la mano de su comisario David Campany, en las claves de un proyecto que desafió los cánones establecidos.

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La historia cuenta con proyectos, con obras que actúan como líneas divisorias. Con Los Americanos existe lo de antes y todo lo que ya vino después. Los Americanos (1958/1959) es el profundo retrato fotográfico con el que el suizo Robert Frank revolucionó el siglo XX.

Una estética que rompió los esquemas

Robert Frank. Fourth of July - Jay, New York, 1955. Collection Maison Européenne de la Photographie, Paris © Robert Frank Foundation, from The Americans.
Robert Frank. Fourth of July – Jay, New York, 1955. Collection Maison Européenne de la Photographie, Paris © Robert Frank Foundation, from The Americans.

Para muchos, el impacto de este trabajo sigue siendo inconmensurable. David Campany afirma de manera categórica que «Para muchos, The Americans de Frank es una de las cumbres de la fotografía del siglo XX; una expresión tan original, profunda y completa, especialmente en su forma de libro, que es casi demasiado fácil dar por sentado su logro», explica David Campany.

Sin embargo, cuando el trabajo vio la luz por primera vez, la reacción de la sociedad estuvo muy lejos de la veneración actual. El comisario recuerda que «cuando se publicó por primera vez, The Americans fue profundamente divisivo».

El proyecto supuso una ruptura radical con las convenciones técnicas y visuales de la época. En palabras de Campany, la obra «rompió con los ideales de lo que se suponía que debía parecer una «buena fotografía». Encuadres descentrados, desenfoque, grano, informalidad». Pero la ruptura más importante no fue formal, sino conceptual y ética. «Más importante aún, rompió con la idea de que el gran arte debe estar separado de la política y el comentario social».

Esta colisión con la realidad norteamericana nació del propio choque cultural del fotógrafo al cruzar el Atlántico. Campany explica que «al llegar de Suiza con grandes esperanzas sobre el «sueño americano», Frank pronto se sintió decepcionado por las obsesiones de EE. UU. con el dinero, la celebridad y el consumismo, y se quedó impactado por la profundidad del racismo».

La recodificación de los símbolos y el valor del outsider

A lo largo del extenso viaje por carretera que articuló el proyecto, Frank identificó y capturó motivos que se repetían de manera constante. Campany analiza esta iconografía señalando que «a lo largo del proyecto, ciertos motivos se repiten. La bandera de «barras y estrellas». Personas de alguna manera solas en la multitud. Coches. Pantallas».

El gran mérito de Frank consistió en transformar el significado de estos elementos cotidianos. «Estos ya eran elementos visuales en la cultura estadounidense, pero Frank los había recodificado para que se sintieran tensos y preocupantes en lugar de heroicos o celebratorios», añade Campany, matizando que el fotógrafo «lo hizo tanto con poesía como con polémica».

Llevar a cabo una empresa de este calibre no tenía precedentes cercanos en la historia del país. El historiador contextualiza el reto. «Desde que el mentor de Frank, Walker Evans, publicara American Photographs en 1938, ningún fotógrafo había intentado algo parecido a un «proyecto nacional» en los EE. UU». Fue una apuesta al límite. «Era arriesgado, casi imposible y estaba destinado a provocar críticas». No obstante, el resultado final demostró una postura inquebrantable. Según Campany, «hay una valentía extraordinaria en The Americans, una voluntad de enfrentarse a verdades desagradables mientras se encuentra una manera de tener esperanza en la nación y empatía con la gente».

Esta perspectiva única estuvo directamente ligada a su condición de inmigrante y observador externo. Campany reflexiona sobre este distanciamiento. «Hoy en día, se anima a los fotógrafos, cineastas y escritores a empezar con lo que conocen. Su propio entorno, su propia experiencia». Frente a esta tendencia contemporánea, defiende que «un gran trabajo puede surgir de estar fuera de la zona de confort de uno».

El propio Robert Frank dejó constancia escrita de la naturaleza de su enfoque en 1957, justo antes de la publicación del libro, asumiendo la subjetividad de su obra. «Con estas fotografías, he intentado mostrar un corte transversal de la población estadounidense. Mi esfuerzo fue expresarlo simplemente y sin confusión. La vista es personal y, por lo tanto, se han ignorado varias facetas de la vida y la sociedad estadounidense. […] Con frecuencia se me ha acusado de retorcer deliberadamente el tema según mi punto de vista. La opinión a menudo consiste en una especie de crítica. Pero la crítica puede surgir del amor. Es importante ver lo que es invisible para los demás. Quizás la mirada de esperanza o la mirada de tristeza. Además, siempre es la reacción instantánea hacia uno mismo lo que produce una fotografía».

Robert Frank. Trolley – New Orleans, 1955. Collection Maison Européenne de la Photographie, Paris © Robert Frank Foundation, from The Americans.
Robert Frank. Trolley – New Orleans, 1955. Collection Maison Européenne de la Photographie, Paris © Robert Frank Foundation, from The Americans.

El coste humano del proyecto y el giro hacia el cine

Una de las revelaciones más íntimas sobre la producción de la obra es el tremendo desgaste psicológico que supuso para Frank. Campany desvela la intensidad del proceso. «Frank trabajó con una dedicación intensa, manteniéndose alerta y reactivo al mundo que le rodeaba durante un largo período». Sostener este nivel de absorción creativa tuvo consecuencias directas. «Esto pasa factura al sistema nervioso humano. Cuando terminó, Frank supo que lo había cambiado y que no sería capaz de volver a trabajar de esa manera». Su gran testimonio sobre el país ya estaba grabado de manera definitiva.

El comisario relata el cambio de rumbo que tomó la vida del fotógrafo. «Su declaración sobre la nación se había hecho, para bien o para mal», lo que provocó una reorientación radical de su cámara. «En lugar de mirar hacia afuera en la carretera, miró hacia adentro, hacia el hogar y la familia». Este cambio marcó el cierre de una etapa. «Continuó fotografiando, pero con menos intensidad y dirigió su atención al cine».

Un espejo histórico que sigue interpelando al presente

¿Qué hace que un conjunto de fotografías tomadas hace siete décadas conserve intacto su poder de afección en el espectador actual? David Campany plantea la cuestión sin filtros. «¿Qué tiene una fotografía tomada hace 70 años para que todavía pueda afectarte tanto como si hubiera sido tomada hoy?».

Su análisis sitúa la obra en un terreno temporal ambivalente. «No hay duda de que The Americans es absolutamente una obra de su tiempo en la historia de América del Norte, en la historia del arte y en la propia historia creativa de Robert Frank». Aun así, la obra escapa de su lectura como archivo histórico. «Continúa resonando profundamente con nuevas audiencias y viejas. Y dado que no hay viajes en el tiempo, debe haber algo más allá de todo el detalle de la época que todavía se siente contemporáneo, que nos habla ahora, en nuestro momento».

Robert Frank. Political Rally - Chicago, 1956. Collection Maison Européenne de la Photographie, Paris © Robert Frank Foundation, from The Americans.
Robert Frank. Political Rally – Chicago, 1956. Collection Maison Européenne de la Photographie, Paris © Robert Frank Foundation, from The Americans.

Ese «algo», aclara Campany, responde en primer lugar a criterios artísticos: «Ese «algo» tiene que ver en parte con que The Americans es arte del más alto nivel. Este tipo de trabajo nunca se limita a su momento original». Pero por otra parte, se debe a una realidad social mucho más punzante e incómoda. «También tiene que ver con el amargo sentimiento de que los EE. UU., realmente, no han hecho el progreso que podrían, que deberían haber hecho». Campany añade, de hecho, un matiz alarmante sobre el contexto actual. «Podría incluso estar retrocediendo». Por todo ello, el comisario concluye que, a pesar del paso de los años, «décadas después, mirar estas fotografías todavía puede inspirar una reacción instantánea hacia nosotros mismos».

La historia ha terminado dando la razón a la mirada del fotógrafo, modificando drásticamente la percepción de su obra. Campany detalla esta evolución cronológica. «A finales de la década de 1960, el pequeño mundo de la fotografía había llegado a reconocer la importancia del proyecto de Frank. Esto llevó a muchos fotógrafos a intentar trabajar a su manera, mientras que para otros The Americans no podía repetirse ni imitarse».

En cualquier caso, marcó el camino. «De cualquier manera, Frank había indicado que el «viaje por carretera» prolongado podía ser una forma fructífera de llegar a conocer y retratar el país». Con la llegada del nuevo milenio, la revisión histórica completó el giro. «Hacia la década de 2000, los EE. UU. habían comenzado a ver los años 50 menos en términos de consumismo feliz y más como una era de ansiedad, paranoia e inequidad arraigada». Fue en ese instante cuando la obra adquirió su estatus definitivo: «The Americans de Frank comenzó a cambiar en la imaginación popular de una declaración contracultural a algo más parecido a un registro oficial de un país dividido y atribulado».

Robert Frank. City Fathers – Hoboken, New Jersey, 1955. Collection Maison Européenne de la Photographie, Paris © Robert Frank Foundation, from The Americans.
Robert Frank. City Fathers – Hoboken, New Jersey, 1955. Collection Maison Européenne de la Photographie, Paris © Robert Frank Foundation, from The Americans.

Una experiencia expositiva única en Madrid

La exposición en el Espacio Fundación Telefónica ofrece una oportunidad excepcional para encontrarse con esta obra maestra. En palabras de Campany, «ver el conjunto completo de imágenes en la pared, en un espacio de exposición en lugar de la página impresa, nos permite encontrarnos con la obra de nuevo».

El valor de la sala frente al papel resulta evidente: «Cada imagen es extraordinaria por derecho propio y, sin embargo, forma parte de un todo mucho mayor». La muestra, que reúne más de 120 obras icónicas, permite al público contemplar las 83 fotografías completas del libro original —prestadas por la Maison Européenne de la Photographie de París— distribuidas en la sala respetando la secuencia exacta elegida por Frank.

Además, el recorrido se complementa con obras adicionales del autor procedentes del International Center of Photography de Nueva York y colecciones privadas, así como mapas de ruta y hojas de contacto ampliadas que desvelan la precisión de sus decisiones visuales y la intimidad de su proceso creativo.