18.02.2025

“Esta exposición es una manera de comenzar a no considerar el océano como algo lejano y distante”

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José Luis de Vicente, comisario de la exposición ‘Ecos del océano’ es un destacado escritor y pensador, conocido por su trabajo en el ámbito de la innovación y las nuevas tecnologías.

A lo largo de su carrera, ha combinado su pasión por la cultura digital con una visión crítica sobre el impacto de la tecnología en la sociedad. Ha sido pionero en explorar las intersecciones entre arte, ciencia y tecnología, y ha trabajado en la creación de proyectos multidisciplinarios que promueven el pensamiento reflexivo sobre el futuro.

Y es en esa intersección de disciplinas y cruce de ámbitos donde iniciamos, junto a él, un recorrido por la muestra que ahora acoge Espacio Fundación Telefónica. Antes de adentrarnos en la propia muestra De Vicente se adelanta: “cuando caminas por esta exposición estás de manera constante percibiendo una presencia que no puedes agarrar con tus manos, pero que flota en el aire. Esa representación es un territorio al que nunca podrás acceder, pero que explota en voces. A lo largo de la exposición se puede viajar en el tiempo y el espacio para percibir los ecos de las voces de cientos de criaturas que llevan en nuestro planeta más de un siglo y puede que sigan aquí muchos años después de nosotros”.

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¿Qué busca contar ‘Ecos del océano’?

Esta muestra es una manera de acercarnos al hábitat de otras especies, no desde la óptica habitual sentados en el asiento de un coche en un safari. Esta exposición da un salto en la conceptualización de la palabra museo como el lugar donde se conservan y preservan especies disecadas; ‘Ecos del océano’ invita a las personas que la visiten a, literalmente, sumergirse, mediante la escucha y la contemplación, en un universo hasta ahora inalcanzable.

La exposición está concebida como un gran observatorio en el que nos encontrarnos con algunos de los terrícolas más fascinantes del planeta. Sumergirnos en su ecosistema y que, sobre todo, los escuchemos. ‘Ecos del océano’ invita a viajar hacia las profundidades de un universo donde no podemos llegar de manera habitual mediante sonidos, sentidos y percepciones que transcienden a las capacidades que tenemos como humanos.

¿Cómo se materializa en ‘Ecos del oceáno’ la unión de arte y ciencia?

Cuando científicos y artistas trabajan juntos, el fin último de los proyectos no es que quienes se encargan de la parte creativa hagan divulgación o añadan más atractivo a los descubrimientos de la ciencia.

Desde mi punto de vista, hoy en día, tanto artistas como científicos son investigadores. Exposiciones como ‘Ecos del océano’ permiten introducir en el conocimiento científico también la imaginación, la creatividad y la posibilidad de expandir los límites para llegar a sitios en los que la ciencia no puede adentrarse.

Pero también es una manera de ayudarnos, como espectadores y visitantes, a entender y percibir las implicaciones que posee el conocimiento científico y que, de manera natural, no podemos percibir con nuestros propios sentidos.

¿Cuáles son los aspectos más innovadores de esta muestra?

El centro de la exposición es una instalación inmersiva, desarrollada por el colectivo Marshmallow Laser Feast (MLF), que invita a viajar a la profundidad del océano.

El recorrido sumerge al visitante, a través de distintas capas de estratificación del océano; desde el paisaje sonoro de un arrecife de coral, a la vida en comunidad de los delfines, las ballenas azules o los cachalotes…. Cada una de esas capas invita a quienes lo contemplan a experimentar cómo viven y se comunican cada una de esas especies.

Todo esto ha sido posible gracias a la combinación de diferentes tecnologías donde el sonido que nos acompaña a lo largo de todo el recorrido es completamente real. Todo el paisaje sonoro de esta exhibición es sonido real grabado por distintas instituciones científicas mediante hidrófonos en la profundidad del océano en distintos puntos del Planeta. Nada de lo que se escucha en ‘Ecos del Océano’ se ha generado artificialmente.

¿Cómo crees que esta experiencia inmersiva cambiará la forma de percibir el océano?

El 70% de la superficie de nuestro Planeta sigue siendo, en buena medida, un universo paralelo con el que los humanos tenemos un contacto tremendamente superficial. Pero el océano es el futuro de la Tierra y, a medida que la crisis climática avanza, hemos visto cómo el deterioro de ese ecosistema está fuertemente imbricado con nuestro futuro.

Esta exposición es una manera de comenzar a no considerar el océano como algo lejano y distante en el que viven seres que no entendemos. Esta muestra ha de hacernos ver que somos ciudadanos de un Planeta, con un 70% de océano; quizás nos vuelva algo más anfibios y nos sitúe como una especie capaz de entender todo aquello que pasa por debajo de la línea de costa.

Y a ti, ¿cómo te ha cambiado tu propia perspectiva del océano el trabajo en esta exposición?

Yo vivo en Barcelona y como muchos habitantes de las ciudades costeras, hemos tratado siempre esa línea entre agua y tierra como una frontera, como una barrera con otro país cuyo idioma no hablas si no conoces.

Cada vez más, cuando me acerco a esa línea de costa concibo y pienso en el agua como una parte más de la ciudad. En el desarrollo de esta exposición, compartiendo trabajo con grupos de investigadores y científicos, me he dado cuenta de que los conflictos del océano no es algo que pase a miles de kilómetros de nosotros sino que forman parte de nuestro hábitat.

Un caso de ello es, por ejemplo, el de las ballenas rorcuales que se acercan a escasa distancia de Barcelona para alimentarse de los nutrientes que se generan en las desembocaduras de los ríos Llobregat y Ebro. Lo que pasa en esos ríos es consecuencia de lo nosotros hacemos. Es con ese tipo de situaciones cuando tomas consciencia de que la distancia entre la vida de una de esas ballenas rorcuales y tu propia vida es muchísimo más corta e interdependiente de lo que imaginas. Pensar en la interdependencia es una de las cosas más poderosas que podemos hacer hoy para, sobre todo, acabar derribando el pensamiento de que nuestra dimensión humana es completamente distinta a la del resto de las especies y que, por tanto, no nos afecta.

¿Cuáles han sido los mayores retos a la hora de traducir los avances y conceptos científicos para lograr una experiencia cautivadora y entendible en ‘Ecos del océano’?

Un desafío interesante siempre es coger una materia prima que es de base científica, generada y creada por y para especialistas en ciencia y contextualizarla y convertirla en una materia prima en el ámbito del arte. Esto es siempre un reto interesante porque siempre se corre el riesgo de sublimarla o de sacarla de contexto… Pero cuando sitúas la ciencia en el ámbito de la cultura o el arte eleva sus dimensiones filosóficas e, incluso, poéticas como forma de penetrar y conocer el mundo.

Otro de los retos de ‘Ecos del océano’ ha sido que la propia exposición parte de un imposible: los humanos nunca sabremos lo que es ser una ballena y, aun así, es fascinante intentarlo en base a los datos que gracias a la investigación científica poseemos. En ese sentido, esta muestra es casi un ejercicio poético porque hemos trabajado con elementos y evidencias científicas para construir metáforas y símiles de un mundo nuevo.

¿Cuántas horas de grabación se han empleado para el montaje acústico de ‘Ecos del océano’?

No podría darte una cifra exacta. Son centenas de horas de grabación las que se han analizado. Pero lo más importante de esta muestra es que el 100% del sonido procede de los ecosistemas marinos, no ha sido creado mediante la intervención humana. En ese sentido, es un viaje a los paisajes sonoros a los que no podemos llegar. Es una poética sonora que no es tan habitual poder situar en un espacio. Ese es el valor de esta muestra.

Si tuvieras que elegir alguno de los sonidos más sorprendentes del paisaje sonoro de ‘Ecos del océano’, ¿con cuál te quedarías?

Si tuviera que elegir alguno de ellos me quedaría, por un lado, con el producido por las focas ya que se trata de un sonido electrónico que está muy lejos del espectro acústico perceptible por los humanos.

Y, sin duda alguna, por lo sutil, lo sorprendente y prácticamente imperceptible me quedaría con el del plancton que, además, es la base de la vida en el Planeta. No debemos olvidarnos de que ese conjunto de organismos microscópicos son la base alimenticia de los mamíferos y de otras muchas formas de vida bajo el agua. Pero también es uno de los principales productores del oxígeno que respiramos por lo que su sonido es, en definitiva, el sonido de la vida.

¿Qué sentimientos crees va a despertar ‘Ecos del océano’ en sus visitantes?

Es posible que la primera percepción es el de la abstracción ya que no se trata de una exposición de naturalismo al uso. Quizá esto pueda servirles para acceder a otros imaginarios y a otras iconografías de aquella cosa que llamamos naturaleza.

Descubre ya ‘Ecos del océano’, una propuesta donde ciencia, tecnología, arte y creatividad se unen para incitar a la reflexión sobre la responsabilidad de las personas con el medio ambiente e insta a proteger y preservar el equilibrio entre el ser humano, la naturaleza y el resto de especies que conviven en el planeta. Disponible ya en la cuarta planta de Espacio Fundación Telefónica.

Con la colaboración de: