01.10.2019

Emergencia climática: la historia más importante de nuestro tiempo

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Dentro del ciclo ‘Hay Vida en Martes’, recibimos en nuestro auditorio al autor del ‘El planeta inhóspito. La vida después del calentamiento’. Un relato urgente y demoledor, apoyado en una sobrecogedora recopilación de datos, que dibuja un futuro próximo en el que el cambio climático moldeará todas las facetas de la vida humana.

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David Wallace Wells es neoyorquino, periodista y graduado en Historia por la Universidad de Brown. Actualmente ocupa el puesto de editor adjunto de la New York Magazine, donde escribe sobre ciencia, cultura y, muy especialmente, sobre cambio climático. Sobre este último tema y sobre toda la narrativa existente en torno a él, conversamos con el divulgador climático.

‘El planeta inhóspito’ comienza afirmando que el futuro “es peor, mucho peor de lo que imaginas”. ¿Cómo se lo imagina la mayoría de la gente? ¿Cuál es la principal diferencia con la realidad que se avecina?

David Wallace-Wells: La percepción pública ha cambiado mucho, incluso desde que terminé el primer manuscrito de mi libro en septiembre de 2018. Pero, aun así, creo que hay tres grandes ideas erróneas entre la población:

La primera tiene que ver con la velocidad del cambio. El calentamiento global no es un proceso lento que se vaya desarrollando a lo largo de los siglos, sino uno muy rápido. Más de la mitad de las emisiones procedentes de la quema de combustibles producidas en toda la historia de la humanidad se han emitido en los últimos 30 años, después de que Al Gore publicara su primer libro sobre calentamiento global y la ONU estableciera el Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC).

El segundo malentendido trata sobre el alcance del cambio climático. Durante mucho tiempo, se nos advirtió sobre el cambio climático principalmente en términos de aumento del nivel del mar. Pero, aunque eso es preocupante, es solo uno de los muchos impactos (olas de calor, sequías, hambrunas, consecuencias en los conflictos y el crecimiento económico…) que convierten al calentamiento del planeta en un sistema global del que nadie podrá “escapar” en las próximas décadas.

Y, por último, el tercer gran malentendido está relacionado con la severidad del cambio climático. Todavía hoy oímos hablar de umbrales de calentamiento de 1,5 y 2 grados Celsisus, cuando el primero es increíblemente optimista y el segundo es prácticamente inalcanzable. Lo más seguro es que en unas décadas estemos viviendo un futuro más cálido de lo que cualquier medio de comunicación haya descrito nunca. En este escenario, caminar al aire libre en muchas ciudades del sur de Asia y Oriente Medio en verano significará arriesgarse a un golpe de calor e incluso a la muerte. Esta es una de las razones por las que la ONU cree tendremos 200 millones de refugiados climáticos -o más- para 2050. Además, para entonces, los daños causados ​​por las tormentas y el aumento del nivel del mar se habrán multiplicado por cien y habrá 150 millones de muertes adicionales por contaminación del aire, lo cual representa una escala de sufrimiento 25 veces mayor que la del Holocausto. Por otro lado, la pérdida de las capas de hielo será ya inevitable, provocando una elevación del nivel del mar de 80 metros -lo suficiente para ahogar a dos tercios de las principales ciudades del mundo.

Esta no es una descripción del peor de los casos sino, siendo prácticos, del mejor. Y ni siquiera hemos empezado a procesar lo que todo esto supondrá para la política y la geopolítica, para nuestra cultura, nuestra relación con el capitalismo y con la tecnología, nuestro lugar en la naturaleza y en el desarrollo de la historia. Esas consecuencias en lo que yo llamo “las humanidades del cambio climático” pueden ser aún más profundas que cualquier impacto climático directo.


“Lo más seguro es que en unas décadas vivamos un futuro más cálido de lo que cualquier medio de comunicación ha descrito.”


“La vida después del calentamiento”. ¿Cómo va a ser?

David Wallace-Wells: Probablemente incluirá una cantidad de sufrimiento humano sin precedentes en la historia. Aunque, por supuesto, ese nivel de sufrimiento depende, y siempre dependerá, de nosotros. El cambio climático no es un sistema binario que pasa de cómodo a apocalíptico en un punto determinado, sino una serie de factores que empeoran a medida el planeta se calienta. La forma en que el calentamiento afecte a nuestras vidas dependerá en gran medida de cuánto nos adaptemos y en qué medida logremos protegernos.

Es posible que el calentamiento global produzca una cultura creciente de política nacionalista de suma cero, como ya estamos empezando a ver. Y, también, podría llevar a una reconsideración del valor del capitalismo de mercado y de la tecnología, que pueden ayudarnos a responder a la crisis climática, pero también han contribuido a provocarla. Además, es probable que veamos un creciente desprestigio de los negocios relacionados con los combustibles fósiles, mucho más dramático que el que se ha desarrollado en torno a la industria del tabaco. La nueva geopolítica emergente ya está colocando las cuestiones climáticas en el centro del orden internacional. De hecho, tal es la profundidad y el tamaño de las transformaciones derivadas del cambio climático, que creo que no habrá ningún aspecto de la vida humana que no se vea afectado por ellas.

En el libro explicas que vivimos voluntariamente engañados sobre el cambio climático. ¿Cómo podemos salir de esta mentira? ¿Qué te hizo a ti salir del engaño y afrontar la realidad?

David Wallace-Wells: Mi despertar vino del miedo, de la aterradora constatación de que el cambio climático está ocurriendo de manera mucho más rápida, global y severa de lo que yo pensaba. Me sentí así mirando a la ciencia con honestidad. Y creo que, si compartimos nuestra mejor comprensión del conocimiento que existe sobre el tema, probablemente ayudemos a sacar a muchas más personas de la complacencia que ha definido nuestra relación con la crisis climática.

Afortunadamente, esto ya está ocurriendo. Todo comenzó el octubre pasado, cuando la ONU publicó su informe sobre la limitación del calentamiento global en 1,5 grados. No contenía ninguna ciencia nueva, pero estaba escrito en un tono mucho más urgente y alarmista que cualquier informe publicado hasta entonces. La respuesta ha sido asombrosa. Por aquel entonces, yo nunca había oído hablar de Greta Thunberg -ni yo, ni nadie fuera de Suecia, y allí tampoco eran muchos- y hoy lidera huelgas climáticas en todo el mundo seguidas por millones de personas. Tampoco se había formado el movimiento Extintion Rebellion en el Reino Unido, y hoy han obligado a un parlamento conservador a declarar la emergencia climática y a comprometerse a alcanzar la neutralidad total del carbono para 2050. En Estados Unidos, Alexandria Ocasio-Cortez ni siquiera había sido elegida para el Congreso. Poco después de que lo fuera, se hizo público el movimiento Sunrise que ayudó a lograr la legislación Green New Deal, que ahora está en el centro del debate estadounidense sobre el clima y es mucho, mucho más ambicioso que cualquier propuesta anterior. Todos los candidatos demócratas están compitiendo para ser más ambiciosos en sus planes climáticos. Y todo eso es, en mi opinión, el resultado de la creciente preocupación provocada por ese alarmante informe.

Desafortunadamente, el clima también está actuando, dándonos casi cada semana un nuevo desastre natural del que preocuparnos, y que debemos interpretar como una señal de que ya estamos viviendo un periodo sin precedentes.

Hablando de Greta Thunberg, ¿qué opinas sobre estos movimientos que se están levantando entre los jóvenes de todo el mundo? ¿Te inspiran esperanza?

David Wallace-Wells: Estoy tremendamente emocionado, en parte porque me han sorprendido. Hace un año no te habría creído si me hubieras dicho que un movimiento así de protesta internacional a gran escala era posible. Y pensar que lo dirige una joven de 16 años que el agosto pasado no era más que una niña de 15 años que se enfrentaba sola al parlamento sueco… Es casi un cuento de hadas. Pero, como Greta dijo en la ONU, el objetivo de las protestas no es inspirar esperanza, sino intimidar a los líderes mundiales para que actúen. Y, en ese aspecto, se ha logrado muy poco. El año pasado batimos un nuevo récord de emisiones de carbono y 2019 probablemente alcanzaremos otro.


Espero que se adopte una política empática y comprometida, que exija acciones para aliviar la mayor cantidad posible de sufrimiento.


Y, ¿qué te parece el tratamiento que los medios están dando a la crisis climática? ¿Echas algo de menos en su narrativa?

David Wallace-Wells: Los medios están haciendo un trabajo mucho mejor que hace unos años, cubriendo las noticias sobre la investigación climática y las políticas emergentes de formas mucho más eficaces y llamativas. Creo que esto es especialmente cierto en la prensa escrita, y destacaría la labor del New York Times, el Washington Post y The Guardian -aunque yo solo conozco los medios en inglés. Sin embargo, incluso esos medios no están prestando a la crisis climática la atención que merece: es la historia más importante de nuestro tiempo, y tal vez de todos los tiempos.

Por desgracia, los medios de televisión han sido mucho menos receptivos. Esto se debe, en parte, a siguen teniendo la idea obsoleta de que el cambio climático es un tema “aburrido”, demasiado serio para captar a los espectadores. Pero ahora que ya no es una historia futurista, sino que exige ser contada en presente, resulta tan apasionante como cualquier película de terror, a la vez que un horror humanitario, una crisis existencial y una enorme desafío político y tecnológico. Creo la magnitud de este drama se refleja pobremente en las historias sobre el calentamiento global, que a menudo se centran en un enfoque “serio” y “cauteloso” y no cuentan las historias reales, que son las que podrían captar la atención de los espectadores y los lectores.

¿Qué resolución te gustaría que tomasen los lectores después de leer tu libro?

David Wallace-Wells: Mi perspectiva es mucho más la de periodista y observador que la de un activista. Lo que he intentado es presentar la saga que estamos viviendo en toda su épica totalidad. Una historia que no hable solo de clima extremo y del aumento del nivel del mar, sino de un tejido de comportamiento humano infinitamente complejo y sus consecuencias, que prometen transformar por completo todos los aspectos de la vida moderna en el siglo XXI. Así como el siglo XIX se definió por la modernidad, o el siglo XX por el capitalismo financiero, este siglo será definido por el cambio climático, que condicionará la vida humana para siempre.

El sufrimiento generado por el cambio climático es el resultado de las elecciones que hacemos ahora. Por tanto, espero que la mayor parte de la gente responda a las aterradoras noticias sobre el clima sin caer en el fatalismo. Espero que se adopte una política empática y comprometida, que exija más acciones para aliviar la mayor cantidad posible de ese sufrimiento. Los obstáculos para el cambio son enormes, pero está en nuestras manos. El principal impulsor del calentamiento global es la acción humana y, si llegamos a escenarios infernales, solo será porque hemos elegido hacerlo. Pero, al menos en teoría, también podemos elegir caminos para salir adelante.

Por Blanca Del Guayo